viernes, noviembre 26, 2021

“Pánico gay”: un coladero legal para la homofobia

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Hoy nos vamos a poner un poquito más serios de lo habitual, porque este tipo de cosas no nos hacen ninguna gracia.

Un juez sudafricano acaba de sentenciar a catorce años de prisión a Nigel Kahari, un joven acusado de asesinar a un empleado del consulado de Marruecos en el país, Fatmi Noureddine . Hasta aquí todo “correcto” y “normal”. El asesinato es un crimen y se castiga en todos los países del mundo. La sentencia añade también los cargos de robo y de residir ilegalmente en el país, ya que el acusado procede de Zimbabue y carece de permiso de residencia.

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El matiz viene cuando leemos el titular en un medio digital local: “Un zimbabués, condenado a 14 años de cárcel, después de matar a un diplomático con el que había pasado la noche”. En realidad, Kahari se despertó desnudo en el suelo del piso de Noureddine, que ya le había invitado varias veces, después de una noche de borrachera. Inmediatamente entró en pánico, según su defensa, y por ello mató a su anfitrión, propinándole 42 puñaladas y rajándole la garganta.

No sabemos si Noureddine quiso o no tener sexo con Kahari, ni nos importa; lo realmente triste, y grave, es que la defensa haya presentado el argumento del “pánico homosexual” una vez más, y que aparentemente el juez lo haya tenido en cuenta para reducir la condena.

El asesino homófobo Nigel Kahari

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Este recurso al “pánico homosexual”, muy utilizado en muchas partes del mundo, es otro de los mecanismos para seguir estigmatizando la homosexualidad. Sudáfrica es uno de los poquísimos países del continente que no criminaliza la orientación sexual y cuenta incluso con una ley de matrimonio igualitario; pero sin embargo su justicia permite que en un juicio se considere válido el supuesto pánico gay  como argumento de la defensa. Incomprensible.

Y todavía hay más: otro punto que la defensa arguyó fue que el acusado provenía de un país en el que la homosexualidad es ilegal, como si esto fuera un atenuante. Más incomprensible todavía.

Seguramente no sabremos nunca qué relación tenían los dos hombres y qué pasó realmente en ese piso (aunque otros casos de crímenes son asombrosamente parecidos a éste); lo que se ha probado es que, aparte de la saña con la que Kahari asesinó a su víctima, tuvo tiempo suficiente para hacerle fotografías a su cadáver y para robarle pertenencias de su piso. Todo ello se contradice con la imagen que tenemos de una persona que actúa de forma impulsiva en defensa propia en medio de un ataque de pánico.

Esta defensa del pánico gay, que suele usarse para justificar crímenes muy violentos como éste, es dañina y peligrosa en dos formas a la vez: primero, porque contribuye a mantener la imagen del homosexual como un ser depravado, monstruoso, capaz de hacer lo que sea por conseguir una nueva víctima (supuestamente, hombres heterosexuales que han estado al borde del abismo, a punto de pasarse al lado oscuro, y que han sido capaces de resistir en el último momento; de ahí que se asocie con la legítima defensa). Y segundo, los sistemas judiciales están dando el peligroso mensaje de que asesinar a un homosexual es un crimen menos grave. Parece que todos, comenzando por jueces y jurados, piensan que no queda más remedio que castigar el asesinato, pero que al fin de cuentas se trataba de un homosexual, una persona de segunda clase, y que en realidad el criminal estaba cometiendo un favor a la sociedad. Por desgracia, algunos de ellos serán recibidos como tales, como héroes, al ingresar en prisión.

No hace falta irnos a países tan lejanos para escuchar defensas que usen el “pánico homosexual” como excusa. Hace poco, un tribunal de un país tan avanzado como Suecia admitió este argumento para rebajar considerablemente la sentencia de dos jóvenes peticionarios de asilo , de 19 y 16 años, que asesinaron a un hombre que los había invitado a su piso para ofrecerles ropa y comida.  Los propios asesinos grabaron en sus teléfonos móviles cómo asesinaron a la víctima, que estaba atada en el suelo. Lo mataron de una forma brutal, a puñetazos, mientras le gritaban insultos homófobos. También en este caso tuvieron tiempo para desvalijar el piso y vestir posteriormente el cadáver de mujer, aparentemente para provocar mayor humillación. A pesar de la contundencia de todas las pruebas, se aceptó la tesis de la defensa propia por “pánico homosexual” y el mayor de los dos fue condenado a tan sólo tres meses de prisión por allanamiento de morada y robo, además de ser expulsado del país.

Mucho pánico gay pero grabaron su crimen en vídeo

Y, sin salir de España, no nos olvidamos del caso de Jacobo Piñeiro, que nos es cercano por varios motivos. Nuevamente, un crimen espeluznante por su violencia  que se intentó justificar como defensa propia por “pánico homosexual”, argumento que más tarde el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia consideró “completamente huérfano de fundamentación”  Fue un proceso largo e insufrible, en el que tristemente pudimos ver cómo muchos estaban más del lado del asesino que de las víctimas. No olvidemos que en un primer momento el jurado declaró inocente al asesino, cuando incluso éste había confesado el crimen, en lo que fue una de las sentencias de jurado más vergonzosas y escandalosas que se hayan emitido en España.  A fin de cuentas, Piñeiro era “el que asesinó a los maricones aquellos” (frase que hemos tenido que oír más de una vez) y el pobre chico estaba defendiéndose.

Jacobo Piñeiro, autor del doble crimen homófobo de Vigo

Que sepamos, el único lugar en el que oficialmente se ha retirado legalmente la defensa del pánico gay como atenuante válido es California:  Mientras sigan siendo legal ese atenuante en la mayor parte de los países del mundo, ¿cuántas nuevas injusticias más como las citadas van a ser cometidas?

Fuente | New Zimbabwe

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