sábado, septiembre 25, 2021

En defensa de Miley o sobre los maricones homófobos

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Artículo escrito por: ZorreteP

Qué malas sois Sí, todas. ¿Qué por qué? Pues porque hace poco Miley Cyrus The Virus, presentó, actuó, se peleó, revolucionó e impactó en los MTV Video Music Awards. Y, claro, todo esto tuvo su eco en los dos únicos grupos sociales a los que interesa esta noticia: las niñas de 15 años y los gays. No nos engañemos: a nadie más le interesa esta mierda. A mí mismo me la trae bastante al pairo porque soy más de Death Metal que de la clase de divas que pueblan las alfombras rojas. Pero hete aquí que se dio un fenómeno curioso: los gays del mundo se volvieron en contra de una de las mujeres que más está haciendo por ellos. Pero vamos por partes, que hay mucho que decir.

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Lo primero que deberíamos tratar es el tema del álbum GRATUITO que Miley lanzó tras su actuación en la gala. Miley Cyrus and the Deadz Petz ha sido producido por gente como The Flaming Lips o Mike Will Made It, gente que no te sonará de nada si no buceas mucho en otros estilos pero que son MUY GRANDES. Después están las colabos de gente como Big Sean, el propio Billy Ray Cyrus (el papá de la criatura), Sarah Barthel de Phantogram  o el mismísimo Ariel Pink. ¿El resultado? Una cagada terrorífica. Pero mala, MALA. No hay por donde coger este trabajo que parece un conjunto de caras B terribles. Es que ni el single que interpretó en los VMAs se puede salvar. “Sí, fumo porros. Sí, me gusta la paz. Pero no me importa una mierda. No soy una hippy”. ¡Madre del amor hermoso!

Las letras del disco discurren por ese pantanoso terreno de la filosofía New Age y el naturalismo mal entendido. Incluso se pregunta por qué existe la luna. Miley, cariño, eso no es filosófico: coge un libro de astronomía y lo entenderás todo. La imagen que da el disco en general es el de una cría de 22 años que lo único que quiere es provocar y llamar la atención diciendo cosas malsonantes y alardeando de lo mucho que folla y lo que le gusta drogarse y comer penes. Vamos, lo mismo que a nosotros ti. Como nota final, Miley le dedica una canción a un pez, Pablow the Blowfish, en la que finge que llora porque nadie entiende el amor que siente por el animalillo mientras sus amigos comen sushi. Verídico. Mol Fort.

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Pero vamos, que esto se puede entender porque la chica tiene 22 años, ha vivido siempre bajo el poderoso yugo Disney y su vida se ha sometido a más escrutinio que las elecciones en Cataluña. Una vida difícil con la que parece que Miley quiere romper a toda costa y de la manera más radical. Y está en todo su derecho, ojo, pero el esfuerzo parece tan grande que pierde la credibilidad que podía tener. Es demasiado forzado, demasiado artificial para ser creíble o trasmitir algo.

Y aquí es donde entramos nosotros, mariquitas: cuando esta chica se presenta en la alfombra roja con sus canciones y sus pintas de niña provocadora de 22 años y todos mordemos el cebo y nos disponemos a lapidarla como buenos gerifaltes de la moral que somos. Y en este momento ella ni se inmuta y los que damos una pena tremenda somos nosotros, que quedamos de abueletes reaccionarios mientras los jovencitos no le dan mayor importancia.

«Guarra, cerda, putón, mamarracha, ridícula«…  son los términos que poblaron las redes sociales para referirse a una chica por el mero hecho de que llevase poca ropa. O casi ninguna. Un poco machista, ¿no? No, un MUCHO. Y lo que es peor, MORALISTA. Y nosotros, gays del mundo, enarbolamos la bandera de la moral, que tantas veces han usado para atacarnos, para crucificar a una cría. Lo mismo da que sea por su ropa, porque lama un martillo, porque saque la lengua, se contoneé delante de la olvidada picha de Robin Thicke o haga gestos obscenos.

“Se lo ha buscado», “si no quiere que se hable así de ella que no lo haga” o “es puro marketing” fueron los gritos de guerra de muchos, ajenos a que su discurso nos recordaba a aquel “no me gusta que en los toros te pongas la minifalda”, “es que van provocando” o “la culpa es de los padres que las visten como putas”. Muy del siglo pasado todo esto. Y, chicos, los gays nos caracterizamos por estar siempre a la moda; no nos privemos de ese atributo.

Mientras te desgañitabas vilipendiando a la chica de moda, algunos pensaban en qué parecido era eso a cuando algunos clamaban por un Orgullo Gay «decente», sin besos en la calle, ni chicos medio desnudos ni travestis que den mala imagen. Y es que vuestros clamores eran similares. ¡Ay los bienpensantes! ¡Menos mal que están ahí para escandalizarse por todo! Estas críticas tan bien hilvanadas que hace no tanto la derecha lanzaba contra nosotros o que la burguesía proyecta constantemente contra los transexuales, por poner un ejemplo. Esas críticas que nos dividieron entre gays ‘ejemplares’ y mariconas ridículas.

Tiene gracia que acribillemos a una persona que hace más por el colectivo LGTBQWERTY en cada aparición que todo el resto de nuestras divas en su carrera entera. Pero, oye, son opciones, claro. ¡Faltaría más! Pero qué curioso que critiquemos a una chica que ha puesto en boca de los americanos términos como gender fluid o que dona tanto dinero a organizaciones que protegen los derechos de los que son como nosotros. Una de las pocas artistas que no ha jugado con la ambigüedad en pos de vender discos sino que ha dicho abiertamente ESTOY ENAMORADA DE UNA CHICA.

Todas han jugado al despiste, al ‘mira qué morbo que puede que sea lesbi’, al ‘vamos a confundir a la gente y dar titulares’,  pero ninguna ha dado el paso de sentarse y hablar de esto. ¿Verdad, Taylor? Invertir su tiempo en construir y argumentar un discurso y hacerlo accesible a todos los sectores de la sociedad (principalmente) americana. Y ya sabemos que después de Estados Unidos vamos el resto del mundo. Pero Miley Cyrus, con todos sus fallos, sí lo ha hecho. Y, ¿qué hacemos nosotros? Lanzar contra ella con un puñal para decir todas las estupideces que a comienzos de julio Intereconomía lanzaba contra nosotros. ¿De verdad vamos a juzgar a la gente porque no vista como nos gusta? ¿O es porque viva su sexualidad de una manera que no os parece idónea? ¡Ah! Que igual es porque somos de esos gays que dicen que las locas con pluma son lo puto peor. Esos GAYS HOMÓFOBOS.

Nunca entendí muy bien la actitud de los que tiran piedras contra su propio tejado. Y creo que es lo que estamos haciendo: morder la mano que nos da de comer. Pero que cada uno está en su derecho de hacer lo que le pete ¡Obviamente! Quizá un poco de consideración con los demás y con nuestra propia realidad no nos vendría mal, pero, oye, que cada uno a lo suyo. Que despellejar es patrimonio de todos.

¿Y qué decir del pollo que montó Miley cuando presentó su single rodeada de las travestis de Ru Paul? . Hubo momentos en que bailaron vogue. ¿Qué es el voguing? Pues un tipo de baile y música que se creo en Nueva York en los 70 y que consiste, muy por encima, en imitar poses de modelos en la portada de la famosa publicación mensual de moda. Fue creado por negros y latinos transexuales y gays del Bronx y el Harlem que, al no encontrar su sitio, repudiados por la sociedad, crearon una especie de fiestas llamadas ballrooms, en los que bailaban y competían por premios en distintas categorías. Tenéis un documental superinteresante aquí que podéis ver de manera gratuita. Luego ya llegó Madonna (a toro pasado, como siempre) e hizo famoso este estilo.

Millones de personas viéndote a través de una pantalla de televisión y decides reivindicar una aspecto cultural de una minoría tan castigada…como mínimo creo que podemos reconocerle un poquito de valentía a la ex-Hanna Montana, ¿no? Hombre, siempre podemos seguir cavándonos nuestra propia tumba y después llorar porque no nos respetan. Al gusto… Hay miles de vídeos y artículos hablando de lo mucho o poco que ha hecho esta muchacha por nuestros derechos. Así que yo dejo ya de teclear y que cada uno busque y saque conclusiones, que los hay que tampoco quieren cambiar de opinión aunque les des razones de peso. Y eso sí que no, que el tiempo es oro.

¡UN MOMENTO!

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¡A DESPELLEJARSE!

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